viernes, 15 de mayo de 2009

DIGRESIONES (ter)

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Posmodernidad.- El lenguaje dejó de ser un medio entre el yo y la realidad para ser sólo un léxico capaz de crear tanto el yo como la realidad.

Posmodernidad.- No hay obras literarias, ni filosóficas, ni poéticas; sólo interpretaciones, lecturas de esas obras: lectores. Tampoco propiedades intrínsecas en esos textos, sino prejuicios, pre-comprensiones, proyecciones de presupuestos y significantes instituidos en la comunidad lectora.

Posmodernidad bis.- La verdad se hace, no se descubre. La verdad no se encuentra, se construye.

Apocalípticos y desintegrados.- Somos decadentistas en la medida en que somos la realidad consciente que se derrumba.

Girar en círculos.- Creemos avanzar en el conocimiento de la verdad y lo que en realidad hacemos es jugar a la ronda.

Males del alma.- Se trata de una persona mayor a quien su médico, al parecer, le recomendó caminar para mantener un estado saludable. Al observarla deja traslucir, por la expresión de su rostro, un cierto temor existencial para el cual no existe médico, ni deporte que, por sí solo, pudiera extirparlo.

Los rostros de la simulación.- De tanto fingir lo que no soy, la máscara que cubre mi rostro hizo causa común con éste. Ahora no sé quién es quién; cuál es cuál.

Escepticismo y fe.- Prefiero la duda del escéptico a la fe del creyente.
El escéptico mantiene los reflejos intelectuales en acción, la crítica en estado de alerta..., aunque, inútilmente.
La fe, por el contrario, embota, vuelve perezoso al cerebro; aquieta falsamente; esconde la duda. Y todo, inútilmente.

Las apariencias no engañan.- A veces el andar callejero trasluce nuestro interior.
Días pasados vi caminar a una persona con movimientos exitados, eléctricos; movía su cabeza para un lado y para el otro como un pájaro carpintero. Lo seguía un señor mayor con las manos en su chaqueta; sus movimientos eran pausados, lentos, armónicos; parecían responder a una especial energía nacida de las profundidades de su alma.

Cobardía.- Ayer pensé en suicidarme, y me dije: “Para qué, no vale la pena ¿A quién le importa?” y seguí hurgándome la nariz.
Hoy encontré a un amigo al que realmente le importaba...; tuve que buscar otro pretexto.

Prolijidades.- Me invitaron a la inauguración de una muestra plástica en un conocido salón de exposiciones.
Los presentes —todos de pie, prolijamente vestidos, prolijamente sonrientes, prolijamente felices…—, se organizaban en pequeños grupos prolijamente estables, prolijamente espontáneos, saboreando prolijos canapés, prolijamente decorados.
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Río Gallegos, 15 de mayo de 2009
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2 comentarios:

Verónica Rodríguez Orellana dijo...

Esto de las prolijidades es algo que me obsesiona un poco supongo que también estará vinculado a las mascaras , me gustó tú post. Un beso!

Luis dijo...

Si, Verónica. Me refiero a las máscaras, tan necesarias para la vida.
También considero como máscaras a la ilusión, el autoengaño. ¡El arte! Uy, si. El arte es una máscara necesaria para la vida. Más que necearia, qué digo. Para algunos es ¡Vital..! Excelente tu Blog