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El arbolito,
Sus luces destellantes.
Y de pronto…
¡Lo repentino!
La simpatía desbocada,
El amor al prójimo,
El entusiasmo vespertino.
¡Feliz Navidad y prospero año nuevo!
¡Já…!
Paparruchadas del vacío
Que lastiman al oído
Sin entender camino solo,
Las manos entrelazadas,
El corazón amordazado.
Arbolitos y luces titilantes;
El gran desatino:
Cuarenta grados a la sombra
Y la nieve que refresca entre los pinos.
El eterno retorno de lo mismo,
Repitiendo el absurdo,
Sin raigambre,
En diciembre;
Con los tíos y las tías,
Cada trescientos sesenta y cinco días.
El eterno retorno de lo mismo;
Con solemne asentimiento,
Con sonrisas dibujadas,
Con el dolor y el silencio.
¡Sí…, acepto! ¡Pero niego!
¡La misma apología!
¡El mismo lobo estepario en la ciudad de la agonía!
El eterno retorno de lo mismo,
¡Feliz Navidad y próspero año nuevo!
¡Alegría! ¡Alegría!
Mítica alegría
¡Já…!
Paparruchadas del vacío,
Del cansancio,
Del hastío;
Del sutil aturdimiento,
Del viento Eclesiastés;
Sin discernimientos,
Sin parresía ni parresisatés.
Con un Dios de baratija,
De límites finitos;
Objeto de consumo,
Adorno pequeñito;
Con encuentros amarillos
De burbujas carcajadas,
Con brindis a horcajadas
Y beso a cigarrillos.
¡Dios…!
Que es mi silencio,
La ausencia inexplicable,
La carencia de palabras,
La paradoja infinita...
Como un Dios de circunstancias,
Como nada relativa,
¡Limitada!
Y yo,
En consonancia y armonía,
¡En sinfónica alegría!
Repitiendo al unísono obediente:
¡Arriba esas copas!
¡Arriba ese ánimo!
¡Fe, amor y esperanza!
La triple frontera
De simplezas consensuadas
¡Oh…!
Dios del nihilismo,
O de la nada profana
¡Oh…!
Dios del ascetismo,
O de la nada sagrada
¡Oh…!
Desierto líquido que creces,
(Que todo lo arrastras y entumeces)
¡Oh…!
Fatalidad
(Que cumples tu destino de grandeza)
¡Oh…!
Paradojas
(Del hombre sin sentido)
¡Oh…!
Soledad
(Que todo lo tejes y entretejes)
...
Río Gallegos, 21 de diciembre de 2009
© Todos los derechos reservados
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